



OnlyMarms es una típica meme coin impulsada por la interacción social. El token no tiene ninguna función práctica ni innovación técnica; depende por completo de la promoción y difusión por parte de KOLs de Twitter y creadores de contenido en medios propios. La estrategia de difusión es consistente: afirmar que se obtiene información interna con antelación en grupos privados de TG, mostrar ganancias con multiplicadores exagerados (de 10x a 336x), y generar una sensación de escasez y expectativas de beneficios desorbitados. Varias cuentas publican contenidos similares de manera densa en el mismo periodo, creando un efecto de bombardeo mediático que induce a los principiantes a perseguir (FOMO) y comprar a precios inflados. El auge de todo el proyecto se sustenta totalmente en la narrativa de “arbitraje por asimetría de información”: afirmar que se tienen canales secretos y una ventaja temprana, para atraer a quienes llegan después y que paguen para unirse o, directamente, asumir la compra a última hora. La verdadera razón de que el token se vuelva “popular” es aprovechar la codicia y la mentalidad de perseguir tendencias del ser humano, fabricando una falsa sensación de prosperidad mediante una manipulación coordinada del mercado.



FARTCOIN intenta captar la atención con un meme de pedos y blockchain. Los usuarios envían chistes de pedos para ganar tokens, y las transacciones incluyen el efecto de “Gas Fee” y sonidos digitales de pedos: una culminación total de creatividad absurda. Pero parece que esta idea de “afinidad apestosa” no logra salir de su nicho; el intento de elevar chistes vulgares a “arte alternativo” se queda en entretenimiento de poca audiencia.
En el mundo frenético de las criptomonedas, solo la creatividad extravagante no es suficiente para causar un impacto explosivo. Sin un respaldo de valor real, incluso el “pedo” más ruidoso solo puede ser algo efímero. Este ejemplo quizá sirva como un golpe de realidad para otros proyectos que quieren hacerse notar gracias a la “mala fama”: sin contenido real, ni siquiera un pedo suena.


